Envíe esta página a un amigo



 Inicio   El estilo Renacentista   El Retrato   El Desnudo   Naturaleza Muerta   La Acuarela   El Paisaje   Marinas   Pinturas Pequeñas   Miniaturas   Animales y mascotas   Pintura Digital   Caricaturas   El Dibujo   Otras pinturas   Imágenes del Sur   Imágenes de Europa   Imágenes de Latinoamérica y el Caribe   Pinturas de Nicaragua   Biografía   Declaración Artística   La Escultura   Freedom Summer 1964   En Proceso   Artista trabajando   Radio en español   Fotografía   Nicaragua   Rubén Darío   El güegüense o Macho Ratón   Añádanos a sus enlaces   Enlaces   Sociedades de Inteligencia   Podría ayudarme a arreglar esta pintura?   Podría ayudarnos a arreglar esta casa presidencial de Nicaragua?   Mississippi   Katrina recursos en español   Katrina búsqueda de familiares     

 •Home•   •Rubén Darío•   •PabloNeruda•   •Amado Nervo•   •Manue Acuña•   •Sor Juana Ines de la Cruz•   •Juan de Dios Peza•   •Nezahualcóyotl•   •Guillermo Aguirre y Fierro•   •Jose Asunción Silva•   •Federico Garcia Lorca•   •Manuel Gutierrez Najera•   •Gustavo Adolfo Becquer•   •Alfonsina Storni•   •Salomón de La Selva•   •Ramón de Campoamor• 

Federico García Lorca

 

Muerto de amor

-¿Qué es aquello que reluce 
por los altos corredores? 
-Cierra la puerta, hijo mío; 
acaban de dar las once. 

-En mis ojos, sin querer, 
relumbran cuatro faroles. 
-Será que la gente aquella 
estará fregando el cobre. 

Ajo de agónica plata 
la luna menguante pone 
cabelleras amarillas 
a las amarillas torres. 

La noche llama temblando 
al cristal de los balcones, 
perseguida por los mil 
perros que no la conocen, 
y un olor de vino y ámbar 
viene de los corredores. 

Brisas de caña mojada 
y rumor de viejas voces 
resonaban por el arco 
roto de la medianoche 
Bueyes y rosas dormían. 
Sólo por los corredores 
las cuatro luces clamaban 
con el furor de San Jorge. 
Tristes mujeres del valle 
bajaban su sangre de hombre, 
tranquila de flor cortada 
y amarga de muslo joven. 
Viejas mujeres del río 
lloraban al pie del monte 
un minuto intransitable 
de cabelleras y nombres. 
Fachadas de cal ponían 
cuadrada y blanca la noche. 
Serafines y gitanos 
tocaban acordeones. 
-Madre, cuando yo me muera, 
que se enteren los señores. 
Pon telegramas azules 
que vayan del Sur al Norte. 
Siete gritos, siete sangres, 
siete adormideras dobles 
quedaron opacas lunas 
en los oscuros salones. 
Lleno de manos cortadas 
y coronitas de flores, 
el mar de los juramentos 
resonaba no sé dónde. 
Y el cielo daba portazos 
al brusco rumor del bosque, 
mientras clamaban las luces 
en los altos corredores. 
© Yoyita

Federico García Lorca

 




Derechos Reservados 1976-2006 © Dr. Gloria M. Sánchez Zeledón de Norris. Presione aquí   para comunicarse con la artista